1. Qué hace que una contraseña sea realmente segura
Durante años nos han repetido que una contraseña segura debe mezclar mayúsculas, minúsculas, números y símbolos raros. El problema es que ese tipo de contraseñas son tan difíciles de recordar que terminamos apuntándolas en un papel, en una nota del móvil o reutilizando siempre la misma, lo que anula por completo su utilidad.
Lo que realmente hace fuerte a una contraseña es, sobre todo, su longitud. Una frase larga que tenga sentido para ti pero no sea obvia para nadie más —por ejemplo, uniendo varias palabras sin relación aparente— es mucho más difícil de adivinar o de descifrar por un programa que una palabra corta con un par de símbolos añadidos al final. Y, además, te resultará mucho más fácil de recordar porque puedes construir una imagen mental con ella.
2. No repitas la misma contraseña en varias cuentas importantes
Es muy cómodo usar siempre la misma contraseña, pero es uno de los errores más peligrosos. Si esa contraseña se filtra en una brecha de datos de cualquier servicio que la use —y las filtraciones ocurren constantemente, incluso en empresas grandes—, cualquiera puede probarla en tu correo, tus redes sociales o tu banca online.
Usar una contraseña distinta para cada cuenta importante limita el daño: si roban una, no comprometen todas las demás. No hace falta que sean completamente distintas entre sí en cada carácter; basta con que no sea literalmente la misma clave la que abra varias puertas a la vez.
3. Usa un gestor de contraseñas para no memorizarlas todas
Si cada cuenta necesita una contraseña distinta y larga, memorizarlas todas de cabeza es prácticamente imposible. Aquí es donde entra en juego un gestor de contraseñas: una herramienta que guarda todas tus claves de forma cifrada y te las rellena automáticamente cuando las necesitas, para que no tengas que teclearlas ni recordarlas una a una.
No hace falta buscar nada complicado ni de pago: la mayoría de navegadores y sistemas operativos ya incluyen un gestor de contraseñas gratuito integrado, listo para usar sin instalar nada adicional. Lo único que tienes que memorizar de verdad es una única contraseña maestra, larga y sólida, que te permite acceder al resto. Cuídala bien, porque es la llave que abre todas las demás.
4. La verificación en dos pasos, un extra aunque la contraseña se filtre
Ni la contraseña más larga y original del mundo te protege al cien por cien, porque el riesgo de que un servicio sufra una filtración no depende de ti. Por eso conviene añadir una capa extra de protección: la verificación en dos pasos.
Con la verificación en dos pasos activada, aunque alguien consiga tu contraseña necesitará además un segundo elemento para entrar, como un código que llega a tu móvil o que genera una app. Es la diferencia entre que un robo de contraseña se quede en un simple susto o se convierta en un disgusto real. Si aún no la tienes activada en tus cuentas más importantes, es uno de los pasos con mayor impacto que puedes dar hoy mismo.